
Aún no era tarde,
aunque la noche
estuviera cercana
y llena de estrellas.
Aún no era tarde
aunque la nieve,
sobre mi cabeza,
diera señales evidentes.
Aún no era tarde,
aunque el sol
se ocultara en mi horizonte
en un gris atardecer.
Aún no era tarde
aunque la lluvia mojara
mis lágrimas y las diluyera
en átomos salinos.
Aun no era tarde,
aunque mi alma
abrazara la soledad
impuesta y en silencio.
Aún no era tarde,
por que la vida y el destino
me reservaban la felicidad
de ponerte en mi camino.