Recibo su manto
callado de caricias
robando a la noche
el devenir placentero.
Brotan de sus manos,
silenciosas sobre mi piel,
los susurros de su boca
endulzan como la miel.
Y sumergido en el sueño
adoro su ternura,
cuando en la tenue oscuridad
me envuelve en la locura.
Al oído me dice
palabras con sentimientos,
y yo busco sus besos
acallando mi aliento.
Y abrazados dormimos
y nos contemplan por la ventana
las estrellas del cielo
hasta llegar la mañana.


